CHALEMORVAN

· El Zen basa toda su enseñanza en tratar de dirigir la atención a la acción (incluyendo la mental) del presente, pero no es la acción lo que interesa al Zen, sino el Principio inmutable del que toda acción depende. Lo que R. Guénon denomina "acción de presencia", aquello que permanece cuando el vacío mental se produce, es la esencia del Zen.

· Huanng-po escribió un "Tratado sobre los fundamentos de la doctrina de la mente", parte de él recogido por Suzuki. De esta obra es la cita que sigue: "Si quienes estudian el Tao no despiertan a esta sustancia mental, crearán una mente por encima de la mente, buscarán al Buda fuera de sí mismos y quedarán apegados a formas, prácticas y ejecuciones, todo lo cual es dañino y ajeno al camino que lleva al supremo conocimiento". "Temiendo que ninguno de vosotros entendiera, se le dio el nombre de Tao pero vosotros no debéis basar ningún concepto en ese nombre. Así se dice que 'una vez cazado el pez, la trampa queda olvidada' cuando el cuerpo y la mente alcanzan la espontaneidad, se llega al Tao y se comprende la mente universal. En otros tiempos los hombres tenían mentes agudas. Al oír una sola frase abandonaban el estudio y por eso se les llamaban 'los sabios que, abandonando el saber, permanecen en la espontaneidad'. En la actualidad la gente sólo busca atiborrarse de conocimientos y deducciones, confiando mucho en las explicaciones escritas y dando a todo esto el nombre de práctica

· Lo que aparentemente se muestra como una gran ironía, incluso sarcasmo, de los maestros Zen, no son más que planteamientos paradójicos con los que abocan al aprendiz, atrapado en un callejón sin salida, a tener que replantearse de nuevo todos sus conceptos y demás fijaciones mentales, pues advierte de la invalidez que éstos tienen para comprender. Es así como provocan, que sin argumentos, la mente se anule y únicamente quede de ella ese espacio vacío, y al tiempo lleno de dudas, de incertidumbres, quieto, inactivo y a la vez expectante. ¿Qué le queda hacer a un hombre en tal circunstancia? ¿Tal vez aprenderlo todo de nuevo?

· Esa es la idea de la doctrina wu-wei, la no-acción, o wei-wu-wei, acción no actuante. En medio de todos los pensamientos, de todas las incertidumbres ¿Quién? El nacimiento de ésta pregunta en el corazón del hombre es el inicio de cualquier conocimiento.

· Algunas escuelas Zen han desarrollado un método de enseñanza denominado Koan. Los Koans son una especie de problemas psicológicos que le son planteados al alumno para que éste los resuelva. Muchos de ellos son famosos y han sido transmitidos de forma oral. Se dice que con estos Koans experimentaron en su día el satori algunos antiguos maestros Zen. Este ejercicio espiritual, consiste en meditar en un tema concreto y aparentemente paradójico propuesto por el maestro al alumno, y que éste jamás podrá resolver empleando su lógica racional, por lo que se ve obligado a una reflexión exhaustiva para dar su respuesta al "asunto", que al no darle resultados, acaba por provocarle un estado de catarsis que derrumba todos sus pensamientos y sus nociones de las cosas. Equivalente a decir que se ve obligado a interrumpir su diálogo interno, a desprenderse de sus conceptos y prejuicios, de sus adherencias, en definitiva de todo aquello que le impide entender la naturaleza de las enseñanzas. Embargado por la duda y el desconcierto, el aprendiz inevitablemente queda situado en una nueva perspectiva de su realidad. Se encuentra con que nada de lo que él cree que es, satisface como respuesta al maestro, lográndose dar cuenta que no tiene conocimientos para dar solución a la cuestión

· . Es fácil advertir que la meditación del Koan lo que verdaderamente provoca es una regeneración psicológica de aquel que la experimenta. "El resultado de esta práctica -dice Suzuki- conduce a la visión esclarecedora que penetra en la verdadera naturaleza de todas las cosas".

· Por medio del Koan, el Zen persigue el desconcierto desde el punto de vista de nuestra lógica, pues el Zen es sobre todo ilógico, a decir de Suzuki: "el Zen quiere tomar por asalto la fortaleza de la insensatez".

· Uno de los Koan más famoso, recogido por varios autores, es el que el maestro Hakuin solía plantear a sus alumnos. Este les proponía que escuchasen el sonido que emitía una palmada dada con una sola mano. Luego debían dar sus conclusiones sobre tal "audición". Otro de los más divulgados es aquel Koan que planteaba otro maestro a sus discípulos. Este les enseñaba una vara o báculo, Shippei, símbolo de autoridad y a la vez bastón para caminar, les decía: Si la llamáis vara no es lo propio. Si no la llamáis vara es falso. Entonces decid: ¿cómo la llamareis? Significa que todas las cosas tienen una realidad que podría llegar a ser muy diferente si nos esforzáramos o simplemente nos interesara mirarlas desde un punto de vista más elevado. Buscar la verdad de las cosas consiste en situarse por encima de sus apariencias observándolas desde su unidad o complementariedad para, desde este plano superior de observación, advertir que todo tiene una profundidad hasta entonces incluso inadvertida y que es su Verdad.

· El resultado del satori se experimenta como la normal inclinación que uno siente por su naturaleza búdica. Libre y sin necesidad de hacer nada, pero no dejando nada por hacer. Eso es el Zen. Y los maestros, sabiendo de las dificultades que el hombre actual tiene para entender esta enseñanza, crean sus métodos. Estos son ingeniosos, sorprendentes, enigmáticos, irónicos, paradójicos, aparentemente absurdos atendiendo a la naturaleza del propio instructor, es decir, al arte con que es capaz de realizar la síntesis que haga posible trasmitir los conocimientos tradicionales.

· Meditar en el vacío, o provocar el vacío mental, no tiene que ver con pretender negar nuestra mente, los deseos o las pasiones; éstos son inevitables siendo como son parte de la naturaleza humana, y no es inteligente desear no desear (aquello de poner una cabeza sobre la cabeza). Se trata de salir de la rueda situándonos simbólicamente en el centro de ella, en el refugio de nuestro corazón (centro del Ser), desde donde es posible observar quietamente sus movimientos, dejando que los deseos y pasiones circulen, que vengan y vayan, como viene la primavera y luego se va, como lo más natural del mundo. Es así como sucede todo, son esas las leyes que rigen el Universo y de las que no es posible la exclusión, porque es ese el ritmo con el que fluye la vida y todos estamos sujetos a sus leyes. Situado en el centro de la rueda, en el corazón, (que es la sede de la inteligencia universal), los deseos banales desaparecen y no queda más que el flujo de la vida, es decir, el Zen, advirtiéndose que no hay más que vivirla haciéndonos conscientes de nuestro papel central en ella, contemplando su armonía, su perfección infinita, siempre inacabada, siempre por descubrir. Y uno allí, quieto y sereno, y aunque dure un instante ese reconocimiento, esa entrega, nada importa, porque lo que se percibe es la eternidad, y uno ya no dejará de perseguir ese momento de luz que fecundó su memoria. ¿De dónde vino? ¿De que misterioso lugar llegó el rayo de luz? La respuesta permanecerá oculta en las tinieblas superiores, pero la vívida experiencia, la Verdad de esa realidad sutil, como tesoro encarnado, ya nunca abandonará la morada de nuestro corazón, como sede que es del corazón del Ser del Universo.

· Después del satori el Koan se convierte en una práctica habitual del monje, con el propósito de mantener viva la memoria de ese momento de luz, pues ahí se halla la semilla del desarrollo intelectual del hombre."Lo más pequeño es lo más poderoso", dice la frase hermética. La disciplina en el ejercicio busca que arraigue la visión obtenida en el satori, de modo que ésta nueva visión obtenida consiga trasformar todos los actos de la vida.

· La experiencia del satori por medio de la comprensión del Koan, podría compararse con aquel que después de navegar días, meses o años en busca de tierra, por fin divisa una isla, luego pueden venir tempestades que se la oculten, pero sabiendo ya de su existencia, el navegante se mantendrá a la espera de que pase el temporal y seguirá el rumbo una vez aplacada la tormenta. El rito, que es todo acto hecho desde la comprensión, tiene la facultad de restablecer nuestra memoria viva o reorientarnos constantemente.

· Es de destacar el hecho de que los maestros Zen no conceden importancia a las palabras, es decir, no es la elocuencia ni el discurso perfectamente expresado y razonado el que demuestra que el alumno ha comprendido o experimentado el satori. Son los pequeños gestos, esto es, las reacciones más espontáneas las que hablan por el aprendiz, pues "no hay en el satori -dice Herriguel- ninguna verdad de la cual uno pueda apropiarse y luego restituirla de memoria, sino una nueva forma de ver, de concebir".(continuará…)
** fuente: www.gweocities.com.