EL CONOCIMIENTO COMO RIQUEZA BASICA

CHALEMORVAN
Mientras se nos da la oportunidad de permancer con vida en esta dimensión, debemos saber aprovechar es potencial que se nos da de aprender, de adquirir esos conocimientos que nos permitan crecer como personas.
Debemos cultivar nuestra mente no solo considerando las aportaciones que otros han experimentados y que han dado resultados maravillosos, sino que debemos generar los propios.
Aportaciones y reflexiones
Marta Eugenia Ortiz Zapata, al respecto nos lega, que crecer en conocimiento no es sólo terminar la Escuela, acumular información, obtener buenas notas, ser admitido en una Universidad o adquirir un titulo; es ser capaces y competentes para pensar, sentir y movernos aprendiendo, decidiendo y evaluando nuestros resultados, es conocer las capacidades de nuestro cerebro y utilizar este poder en beneficio propio y de nuestros seres amados.
Nuestro conocimiento de nosotros mismos, los otros y el mundo que nos rodea, nuestras habilidades, destrezas y competencias para solucionar los problemas y hacer fácil la existencia en todas las áreas de la vida nos produce placer y es uno de nuestros más poderosos motivadores. Nos hace felices por naturaleza aprender cosas nuevas, comprender y entender un concepto, aprender y mover una habilidad, darnos cuenta de nuestro poder creativo y afirmarlo.
Crecer en conocimiento, madurar intelectualmente es un proceso cuya meta es canalizar y dirigir la energía de nuestro cerebro efectivamente para vivir. Madurar intelectualmente es un paso seguro a la felicidad y no se relaciona directamente con la cantidad de conocimientos o títulos obtenidos.
Descubrir como cada uno de nosotros percibe el mundo y como nuestro cerebro recibe la información y darnos cuenta de lo que cada uno hace con ella es autoconocimiento. Un hombre que conoce del mundo y de los otros humanos es un hombre de ciencia, el que además se conoce a sí mismo es un sabio. Conocimiento y amor confluyen en esta frase de Paracelsus: “Quien entiende también ama; entre más conocimiento inherente más amor”, o en esta otra de Erich Fromm: “Tengo que conocer objetivamente a la otra persona y a mi mismo para ver la realidad; solo de esta objetividad puede florecer el amor”.
Nuestras células procesan constantemente la experiencia y la metabolizan, cada célula sabe y es nuestra anterior experiencia del mundo y del evento que experimentamos. No nos limitamos a absorber datos crudos por los ojos y los oídos; cada una de nuestras células es una partícula de consciencia que se convierte físicamente en la interpretación al interiorizar la experiencia, construyendo mapas físicos en conexiones neuronales visuales, auditivas y/ o sensoriales de cada experiencia.
Desde el momento de la concepción nuestras células están recibiendo y grabando información. Como especimenes humanos cada uno de nosotros integra la información asimilando y relacionando sus experiencias de ahora con experiencias anteriores y paso a paso construye sus estructuras personales o mapas mentales del mundo, de si mismo y de los otros.
La forma como aprendemos, asimilamos y estructuramos finalmente nuestras experiencias da cuenta de la calidad de nuestros conocimientos. Mientras más cercana esté nuestra estructura a la realidad real, más claro y confiable es nuestro conocimiento.
La coherencia interna es otro indicador de la calidad del conocimiento adquirido, se refleja en la armonía expresada entre lo que sentimos, pensamos y hacemos. Cuando una persona expresa esta armonía, ella se convierte en la idea que quiere comunicar y genera automáticamente confiabilidad, y quien confía está listo para amar.
El real conocimiento suma conceptos o ideas, habilidades y/o destrezas con sentimientos y sensaciones que confirman que estamos haciendo las cosas para lograr lo que queremos, su aplicación es un complejo proceso que cuando está totalmente instalado, cuando realmente lo hemos aprendido se realiza sin la intervención de nuestra consciencia, entonces decimos que somos hábiles, diestros, competentes para pensar, sentir y mover un proceso creativo. Somos creadores y creamos lo que creemos, en primera persona estos verbos se conjugan igual Yo creo, Yo creo. Y cuando realmente creo algo lo realizo, por eso ya no tengo que pensar como hacerlo, simplemente lo hago.
Aprendemos habilidades y destrezas en pensamiento, sentimiento y movimiento y es la integración de estos procesos internos en cada área de nuestra vida el indicador de calidad en términos de bienestar o malestar.
El aprendizaje de habilidades, destrezas y/o competencias en cualquier aspecto de nuestra vida pasa por cuatro etapas:
Incompetencia inconsciente: Ignoramos lo que hemos de hacer y no tenemos ninguna experiencia de ello. Es la etapa de la “ignorancia dichosa”. Para un niño la conducción de un coche es magia.
Incompetencia consciente: Comenzamos a hacerlo y surgen los problemas: esta etapa exige toda nuestra atención consciente, es la etapa más incomoda y en la que más asimilamos experiencia y aprendemos.
Competencia consciente: Somos capaces de hacerlo solo con atención y concentración. En esta etapa se requiere permanencia en el propósito y práctica.
Competencia inconsciente: Nos convertimos literalmente en la habilidad, una serie de hábitos automáticos funcionan sin nuestra intervención consciente y por ejemplo manejamos el coche y al mismo tiempo sostenemos una conversación con alguien o escuchamos música.
Así hemos aprendido una cantidad de competencias para sentir, pensar y movernos en bienestar y también aprendimos de la misma manera hábitos para pensar, sentir y movernos automáticamente hacia el malestar.
Puedes revisar tus aprendizajes y darte cuenta que la mayoría de las cosas que realmente has aprendido hasta la competencia inconsciente no las aprendiste en la Escuela o en la Universidad, las aprendiste en la vida, relacionándote contigo mismo, con las otras personas y el ambiente.
Y en muchas de las habilidades y competencias que se incluían dentro de tu proceso de formación profesional solo llegaste a la segunda o tercera etapa del proceso.
Tu conocimiento es una de tus riquezas básicas, porque tu conocimiento organizado con un propósito te permite hacer realidad tus ideas y convertirlas en dinero en efectivo. Puedes crear cualquier cosa que puedas imaginar.
A todo ello finalmente se puede agregar, que en la medida que nos identificamos con la relevancia, alcance que el conocimiento adquiere de acuerdo a nuestro autoconocimiento que nos permite evaluar lo que es bueno y malo, podemos ayudarnos a crecer y desarrollar nuestro potencial, así darle paso a nuestra creatividad que de acuerdo a la experiencia que ya hemos adquirido puede generar un nuevo conocimiento de a cuerdo a las características actuales de los escenarios del presente y saber aprovechar la oportunidad que se nos dió de haber transitado por este plano.
